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Lugares historicos

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Parroquia vieja de San Juan Evangelista
En la parte más alta de la villa persisten las ruinas de lo que fue la Parroquia de San Juan Evangelista, edificio gótico-renacentista cuyas obras estaban en marcha en 1565.
A su lado, una torre del siglo XVIII constituye uno de los símbolos de la villa. Hecha en ladrillo con varios cuerpos prismáticos decrecientes y otro octogonal de remate, está enriquecida de base de pilastras cajeadas y labores de tipo geométrico.

Esta primitiva iglesia, que estuvo en lo que hoy se denomina placeta de San Juan, en lo alto del pueblo, se encuentra en ruinas y por ellas puede comprobarse que era una fábrica gótico-renacentista del siglo XVI, que fue terminada en 1592.

Tenía una gran nave con capillas laterales entre los contrafuertes y cabecera poligonal cubriéndose por bóvedas góticas sobre médulas cilíndricas.
Su estado ruinoso hizo que fuese abandonada y por ello sólo queda en pie una monumental torre barroca del siglo XVIII, típica del valle del Ebro, que se construyó en ladrillo. El ajuar litúrgico de esta iglesia se trasladó a la nueva parroquia neoclásica.
Reconstrucción del campanario
En abril de 1995 se aprobó el gasto para la reparación del campanario de Peralta que ascendía a 12 millones de los que el 50% corría a cargo del Departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra. El objetivo fue reparar la cubierta del campanario, los ladrillos y cornisas estropeadas. También corregir el deterioro en las bolas de remate, así como la coronación donde faltaban algunas piedras. La protección de la cornisa se llevó a cabo con la instalación de un sistema de evacuación de aguas.
Escultura de hormigón
Una gigantesca escultura de hormigón armado de 15.300 kg. Obra del escultor peraltés José Ulibarrena, se instaló el 18 de julio de 1991 en el paseo urbanizado junto al río Arga.

Paseo de 17.000 metros cuadrados, de los que 5.500 son de adoquín, 4.000 de pavimento asfáltica y el resto arbolado y césped.
Se trata de una escultura encargada por el ayuntamiento con una altura de 6,80 metros y que tiene una base de 4,20 x 2,40 m. Asentada sobre cuatro pilares a 3 m.

Del suelo, con el título hermandad, Anaitasuna, representa la fusión de dos figuras, un hombre y una mujer cuyas manos se unen por encima de sus cabezas, los cuerpos de las figuras están policromados con colores naturales como el amarillo, cobre, etc.

Su costo supuso un desembolso de 900.000 ptas. al que había que añadir los gastos del transporte y obra del pedestal.
Arquitectura civil

Peralta se emplaza en llano, en la misma orilla del río Arga, junto a una escarpada roca, en cuya cima estuvo el castillo de la Atalaya, del que hoy sólo quedan algunos vestigios. A su amparo se formó el actual núcleo urbano, que vino a reemplazar el primitivo asentamiento que estuvo en lo alto de la peña.
La Calle Mayor se convirtió en la arteria principal de la villa. Alrededor de ella se localizaban los diferentes gremios, manteniéndose todavía su impronta en el nombre de las calles: Carnicerías, Verdura, Tejedores,...Diversos palacios y casas de época barroca, con hermosas fachadas de ladrillo rematadas con galerías de arquillos, y ennoblecidos con escudos, dan empaque a su casco antiguo.
La Calle Mayor con la fachada del lado de la Epístola de la parroquia forma una plaza que preside un gran inmueble de ladrillo, barroco del siglo XVIII, compuesto por tres cuerpos y ático. Precisamente, de este inmueble arranca la calle Verduras, que conduce hasta la antigua parroquia de San Juan, donde hoy se encuentra la torre. Es una vía paralela a la calle Mayor, de trazado estrecho y de continuos quiebros, abundando las casas populares de estrechas y altas fachadas de ladrillo con varios cuerpos, el último de ellos rematado por aleros de madera.
Asoman a la calle Mayor otras perpendiculares de corto recorrido. Otras enlazan con la calle Irurzun, vía que discurre junto al río Arga. Frente a la parroquia va a parar el Bajadero Primero, que con sus respectivas recoge el pórtico de aquella.
La calle Irurzun, que llega a la plaza de los Fueros por debajo de la Mayor, ofrece construcciones modernas o muy arregladas.

Las cuevas
Más allá de la Atalaya y siguiendo el curso del Arga, en un imponente paredón rocoso pueden apreciarse muy claramente talladas en la tierra una serie de cuevas que servían de vivienda.

Hacía 1930 el 20% de las habitaciones de Peralta eran subterráneas.

En la actualidad estas cuevas están bastante degradadas y tienen, casi siempre, un uso marginal.
Los despoblados
El lugar de Arlas quedó despoblado en el sigo XIV a consecuencia de una epidemia de peste. El pueblo existía en el siglo XI, pues Sancho Ramírez lo dona a la Iglesia de Pamplona. Como recuerdo de este lugar subsiste la ermita de San Pedro.
En la actualidad se conserva un arco de medio punto y las columnas originales además de la techumbre de madera en una construcción semiderruida y con tendencia a una desaparición rápida si no se pone remedio de inmediato.
Ermitas

Cerca de Peralta existen varias ermitas, la ermita de San Pedro junto a la carretera de Falces y, en ruinas se encuentra la de Santa Lucía, en las proximidades de la Atalaya. Se tienen noticias de las ermitas de Nuestra Señora del Pero, San Martín, Santa Eulalia y San Silvestre, todas ellas desaparecidas salvo la última que se ha aprovechado en unas viviendas, en las afueras del pueblo.

Santa Lucía

Situada en la cima del pueblo, junto a la Atalaya, se conserva en estado ruinoso con gran parte de sus muros construidos en sillarejo. En planta define una nave rectangular seguida de una cabecera cuadrada más estrecha. El día 13 de diciembre es tradicional que los peralteses suban al monte a celebrar meriendas. Es costumbre que los abuelos preparen a los nietos una cesta con golosinas.
Después se baja a la Iglesia de San Miguel donde se venera la imagen y la reliquia de la Santa.

San Pedro

Junto a la venta de Arlas en el cruce de las carreteras a Pamplona y a Falces, fuera del núcleo urbano, se encuentra la ermita de San Pedro en la que destaca una imagen del titular bendecida en 1954 con capa y tiara, obra romanista de hacia 1600 conservado hoy en la parroquia. La ermita fue demolida en 1973 y se construyó en el lugar el edificio moderno que fue inaugurado en 1977 y sustituyó a la primitiva ermita. Desde antiguo, se celebra una romería que se lleva a cabo el domingo siguiente al 29 de junio. Típico de la fiesta es el desfile de los cofrades en caballos y vehículos y tras éste la sobria merienda a base de queso, pan, tomate, guindillas y vino. La misa y la bendición de los caballos y vehículos pone fin a la romería.
La cofradía de San Pedro está integrada solamente por hombres casados. Esta institución se creó para socorrer a las mujeres que se quedaban viudas y con pocos recursos, y aunque se supone que tiene más de 400 años de vida, los primeros datos que hay datan de 1837.

Nuestra Señora del Pedro

Está situada sobre el río Arga, junto a la acequia del Molinar. Extinguida en el siglo XVIII, sirvió de fuerte en la primera guerra carlista.
La Virgen del Pero fue durante once siglos la patrona de Peralta y se celebraba la romería a la ermita el 15 de agosto.
Nos cuenta la tradición como allá por el año 840 Iñigo Arista tenía cercada la Villa de Peralta que se encontraba en poder de los moros y bien fortificada por lo elevado de su construcción (el Atalaya). Después de mucho tiempo el rey determinó levantar el sitio y retirarse. Aquella noche, sigue la leyenda, se le apareció la Virgen encima de un "pero" diciéndole " Desiste de tu determinación; los sitiados carecen de vituallas y dentro de breves días tendrán que rendirse. Una imagen mía, que se te mostrará inesperadamente, será la señal de la próxima ocupación de la plaza". Así fue. Los moros sin medios para subsistir huyeron a La Rioja. Coincidiendo con la huída. La Virgen se manifestó sobre un pero, en forma de preciosa imagen, a Iñigo Arista, quien en agradecimiento, mandó construir en el lugar una ermita para Santa María, adjudicándole además, el título de patrona y protectora de Peralta. Incluso el Papa Clemente IX concedió gracias especiales a todo el que visitara la citada ermita.
En el año 1835 fueron desmontados todos los retablos de su ermita y llevados a la Iglesia de San Miguel. Más tarde, al convertirse su Basílica en lugar defensivo durante las guerras carlistas, ésta fue demolida.
Hoy en día se pueden apreciar los cimientos en su perímetro propio de la Basílica de la Virgen. Se levantaba junto al puente, en la orilla izquierda del Arga, al lado de la acequia del Molinar.

Virgen de Ujué

La Virgen de Ujué es la Madre de la Ribera, a la que peregrina también Peralta entre otros pueblos de la Ribera. Los hombres cargan cristos con adornos florales o con grandes cruces desnudas, muchos caminan con los tobillos encadenados, rezan el rosario mientras ascienden hasta Ujué para honrar a la blanca paloma.
El santuario de Santa María de Ujué constituye uno de los hitos mas destacados y significativos de la arquitectura navarra de la Edad Media, tanto por su obra románica como por su obra gótica. Presidiendo el templo desde su trono, en el ábside central, se encuentra la venerada imagen de Nuestra Señora de Ujué. Su categoría artística le hace situarse entre las más importantes tallas del románico navarro. Se trata de una figura de madera revestida de plata, excepto en la cabeza y manos: data de fines del siglo XII o comienzos del XIII.
La romería se celebra el domingo siguiente a la fiesta de San Marcos día 25.

San Martín

Su ermitaño dependía del de San Salvador de Falces. En la actualidad permanece solamente el término.

San Silvestre

Es una ermita cuyas ruinas se pueden observar en el Parque Caluengo. A sus pies todavía sigue existiendo un manantial con agua curativa purgante.
En la actualidad está muy rehecha y transformada por haberse aprovechado para vivienda. Tuvo una sola nave rectangular muy cota, cubierta a dos aguas sobre vigas de madera, como todavía puede verse en parte de su interior. Sus muros son de mampostería revocada.
Los peralteses acudían al final del año a venerar al santo. La imagen de San Silvestre del siglo XIV va a ser

Basílica de San Miguel
La basílica de San Miguel perteneció a un antiguo convento de los Capuchinos, construida en 1.629, fecha que figura en el escudo de su fachada principal.

En su interior guarda el retablo de la Virgen del Pero. Posee una planta de cruz latina con una amplia nave de tres tramos, crucero y cabecera recta. Está cubierta por bóvedas de medio cañón con lunetas, salvo el tramo central del crucero, sobre el que voltea media franja elíptica con fajas radiales y florón de yeserías.

A los pies se eleva un coro, sobre arco rebajado, provisto de una rica balaustrada barroca de hierro forjado, centrada por medio sol radial con las letras AVM.

Sus exteriores muestran muros revocados de gran pureza y severidad y destaca la fachada principal cuyo aspecto obedece a una reforma moderna.

Sobre su puerta adintelada de bajo arco almohadillado monta un pedestal de triglifos y un frontón triangular que remata la fachada. Entre las columnas se localiza un escudo manierista de la villa fechado en 1629.
Retablo de San Miguel

En el lado del Evangelio, podemos encontrar el retablo de San Miguel. Esta obra, de la segunda mitad del siglo XVIII y de estilo rococó, posee una talla del santo perteneciente, también a este siglo, que conserva su policromía original. Este retablo procede de la parroquia de Guendulain, lo mismo que el mayor y su colateral simétrico.
Retablo Mayor
En el Presbiterio encontramos el retablo mayor, que cubre parte del muro frontal del templo. La policromía de esta obra barroca de mediados del siglo XVIII, que imita mármoles policromos, desdice de su aspecto original y debió llevarse a cabo a finales del siglo XVIII o en el XIX, al tiempo que la de los colaterales.
Salvo la imagen de la Virgen Milagrosa que sirve de titular, las demás tallas son barrocas, de la época del retablo y de estilo popular. En las calles laterales se encuentran San Pedro y San Pablo, mientras el ático está presidido por un Calvario con la Doloroda y San Juan, entre las tallas de unos santos obispos, posiblemente San Saturnino y San Fermín.
Retablo de Santa Lucía
En el lado de la Epístola se encuentra el retablo de Santa Lucía que forma conjunto con su colateral de San Miguel, repitiendo su traza y decoración. La hornacina central alberga una imagen de candelero de la santa, que parece obra del siglo XVIII.

Retablo de la Virgen del Pedro

Justamente en frente de esta obra se encuentra el retablo de la Virgen del Pero que, a juzgar por su estilo, data de principios del siglo XVIII y puede relacionarse con los talleres de Tudela. En el retablo se aloja la talla de la Virgen, también del siglo XVIII. La obra fue donada en 1733 por Pedro Bustín.
En esta iglesia podemos encontrar también un Crucificado, de tamaño mayor que el natural, que data del siglo XVII.

Casa Consistorial

La Casa del pueblo de Peralta se construyó en el año 1953, tras demoler la anterior.

Este edificio de tres cuerpos, está realizado en ladrillo y con cuatro fachadas al exterior, orientada la principal a la plaza.

Un pórtico de tres arcos de medio punto sobre pilares compone la parte baja.

La primera planta posee un balcón corrido, al que se abren cinco vanos adintelados, y una galería de arquillos en la planta superior.

El nuevo Ayuntamiento comenzó su construcción por el contratista Juan Barcos Ricarte tras demoler el anterior edificio, en abril de 1.953, con un presupuesto de obra de 661.240 pesetas e inaugurándose en las fiestas patronales el 11 de septiembre de 1.954.


Consta de un bloque de tres cuerpos realizado en ladrillo. En su alzado aparecen cuatro fachadas que dan al exterior. La más importante, por presentar la puerta de acceso, ofrece vistas a la plaza principal. Un lateral y la otra fachada dan a la carretera de Madrid y la otra a la calle Mayor.

El cuerpo bajo tiene un pórtico con siete arcos de medio punto sobre pilares que forman un porche de entrada. En la primera planta aparece un balcón corrido con barandilla metálica en la que se abren cinco vanos adintelados.
En la segunda planta, la fachada principal presenta una galería de arquillos, dibujando el ladrillo caravista una serie de motivos geométricos que adornan la superficie superior, resguardada por un alero saliente con travesaños de madera.

Atalaya
De la vieja Atalaya medieval y de su fortaleza emplazada en la parte alta de la montaña se conservan varios vestigios de indudable interés.

Destaca dentro de este recinto prerrománico por el buen estado de conservación y, tal vez, por ser la única de estas características dentro de la península, la puerta de entrada o Portil de Lobos, aunque no se puede olvidar ni la Puerta Falsa, ni la ermita de Santa Lucía, ni un torreón del castillo que todavía se conoce con el nombre de "Atalaya".
El castillo

El castillo-atalaya medieval está situado en lo alto de una peña de yeso, por cuya solana, pendiente abajo, fue descendiendo y creciendo la villa desde la baja Edad Media.
Destruido en la campaña de 924 fue reconstruido pocos años más tarde. La situación defensiva de esta fortaleza era privilegiada dado que por entonces el Arga debía regar hasta el mismo farallón rocoso y, al filo de la fortaleza, un barranco natural vertical caía lamiendo las aguas del río.
En la parte oriental existe un aljibe de grandes dimensiones de plana rectangular junto a una rampa, siendo éste de planta circular donde se aprecia un pozo vertical abierto en la roca, popularmente conocido como el "Pozo de los Moros" y que, según parece, podría haber servido como galería para acceder al río afectos de escape o de aprovechamiento de agua.

También sigue en pie la puerta de entrada a esta fortaleza defensiva conocida con el nombre de "Portil de Lobos".

La ciudadela
Las destrucciones en edificios en la campaña de 924 explica que se planteasen a los pocos años, la necesidad de reparar las murallas del recinto y reconstruir al menos el castillo y la iglesia.

En el borde del farallón se alza un muro de tapial. En este mismo sector está la puerta de entrada, que constituye la parte mejor conservada del recinto prerrománico; el vano del arco es rebajado y ligeramente ultrasemicircular, alojándose la tranca en toda su longitud en el muro.

Se aprecian en este sector los cimientos del amurallamiento que estaba protegido con un foso artificial antes del barranco natural que rodea este emplazamiento.
El puente viejo
Bajando al llano y a la entrada del pueblo se encuentra el puente de construcción medieval aunque parte de su fábrica fue reconstruida a finales del siglo XVII, conviviendo por lo tanto los ojos apuntados del gótico y los medievales de medio punto. La autoría de la construcción del viejo puente no se puede asegurar de manera rotunda, aunque la voz popular lo asigna a los romanos. Lo que sí se sabe con certeza es que en tiempos de Carlos III (1403), se comunicó la necesidad de repararlo porque había caído en ruina.

Para ello, concedió a los naturales del lugar la pecha ordinaria de los judíos de la población durante los siguientes cinco años, todas las capellanías perpetuas que no celebraran en la villa y todas las mandas de testamentos dejados sin declaración expresa a la voluntad de los cabezaleros.
Así pues, a comienzos del siglo XV existía un puente que se consideraba de importancia por su amplia exención tributaria y la misma ayuda real. Es más que probable que se trate del actual puente, o cuando menos de sus basamentos. En él conviven los ojos apuntados y los de medio punto.
Andando en el tiempo, se creó el señorio de Peralta y sus señores feudales se preocuparon de acrecentar sus rentabilidades económicas mediante la mejora de la infraestruectura. Desde ese momento, el puente pasó a depender directamente del Marquesado de Falces, el cual le proporcionaba substanciosas rentas por su peaje.
Las diferentes leyes que acabaron en el siglo XIX con el feudalismo hicieron que el puente pasara a la titularidad municipal y que el peaje se eximiera a los vecinos de la villa, situación que cambió en febrero de 1899 en el que la Diputación Foral declaraba que todos los vecinos de esta villa debían satisfacer el peaje correspondiente al pasar por la cadena con géneros destinados a la venta en el exterior y que no hubieran sido producidos en Peralta.

El Ayuntamiento discutió el asunto haciendo ver que dicha normativa era contraria a las concesiones otorgadas por decreto en 1851, a cambio de la cesión del puente, la Diputación se ratificó en sus acuerdos precedentes y obligó a los vecinos a pagar. Así, que el puente construido por iniciativa real, tras un breve paréntesis de titularidad municipal, volvía al estado a través de la Diputación.
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